[POLÉMICA]

TOTALMENTE DISPUESTO
Por Martin S. Kottmeyer
Kottmeyer, defensor de una hipótesis psicosocial para explicar los casos de "abducción", recoge el guante lanzado por sus críticos y contraataca con nuevas reflexiones sobre el papel de la cultura en la génesis de la mitología OVNI. "El tiempo ya se pronunció sobre quién tiene la mayor parte de la razón", escribe.


"Mantenga los ojos abiertos y en blanco"

Instrucciones del Dr. Miles Bennell para parecerse a uno
de los invasores (en "Invasion of the Body Snatchers", 1956)

.

Hace diez años, en enero de 1990, apareció en la revista Magonia un artículo mío titulado "Libre de toda predisposición". Recogía en él tres argumentos esgrimidos por los ufólogos para mantener que el material que aparece en los casos de OVNIs y abducciones carece de cualquier precedente cultural. En su opinión, no existía ninguna explicación psicosocial disponible para aspectos como la forma de los platillos volantes, la naturaleza de los Grises o la famosa abducción del matrimonio de Betty y Barney Hill. Todo ello resaltaba la novedad que supone la visita de seres extraterrestres a nuestro planeta a partir de 1947. Sin embargo, tales argumentos me ofrecieron una oportunidad dialéctica para referirme a diverso material con el que me había tropezado como aficionado a la ciencia-ficción (SF en adelante) y algunos otros descubrimientos derivados de mi correspondencia personal con colegas interesados por los OVNIs. Tales descubrimientos eran mayormente inesperados, casuales, casi por chiripa, verdaderos "regalos de Serendip" (1), derivados de mi insaciable y ecléctico consumo, puramente recreativo, tanto de literatura ufológica como de SF, más que de cualquier intento concertado de investigación. Como muchos de los aficionados a la SF no prestaban la menor atención a la ufología y los partidarios de los OVNIs estaban demasiado obsesionados con su afición para atender a otros temas como la SF, yo me encontraba en la rara situación de estar lo bastante familiarizado con los dos campos como para notar la superposición existente entre ambos.

CAZADORES DE SUEÑOS
"Libre de toda predisposición" fue bien recibido y es uno de mis trabajos más citados. Ha sido alabado, llegando hasta lisonjas tales como considerarme un experto en SF. Lo cierto es que nunca me he preocupado de desengañar a quienes eso piensan, aunque soy conocedor de cientos de aficionados a la SF que la leen con mucha más asiduidad y están mucho más involucrados en este campo que yo. La certeza de que apenas he arañado la superficie resultaría evidente para todo el mundo a estas alturas, si no fuera porque el libro de Michel Meurger Scientifictions n 1/1 (Encrage, 1995) sólo está disponible en francés, y su único artículo en inglés "Surgeons from Outside" apareció en Fortean Studies n 3, una cara publicación inglesa (2). Meurger ha demostrado mucho mejor que yo como toda la mitología OVNI fue prefigurada por las noveluchas baratas de SF de principios de siglo ("pulp") y las tradiciones culturales. Si comparásemos su trabajo con el mío, sería como comparar la dura y larga jornada de un minero con un agradable paseo por el parque.

Pero han llegado a mi conocimiento ciertas críticas recientes a mi trabajo que desearía comentar aquí. En el último número de Magonia (Octubre 2000) Anthony R. Brown, se refiere a aquella parte de mi ensayo donde apuntaba la posibilidad de que la película Invaders from Mars (Invasores de Marte) hubiera sido una de las influencias que moldearon las pesadillas de Betty Hill. En su opinión, yo "llegaba hasta extremos extraordinarios para declarar que una película concreta estaba en el origen de esta experiencia. Existen un par de puntos importantes que tales declaraciones jamás tienen en cuenta. El primero es que no existe un sólo caso tras décadas de estudios sobre el sueño donde una película haya aparecido reproducida parcialmente en un sueño posterior.... la imaginería onírica y la propia historia son siempre distintos a los de la película. Quizá el tono emocional sea virtualmente idéntico en la película y el sueño posterior, pero jamás la imaginería ni la historia".

Brown no ofrece ninguna referencia para tal afirmación, pero me basta mi experiencia personal para saber que es errónea. En más de una ocasión, yo mismo he visto como la imaginería de una película que acababa de ver se veía reflejada en mis sueños. Así, por ejemplo, tras asistir a una proyección de Invasion of the Body Snatchers (La Invasión de los Ladrones de Cuerpos) tuve un sueño surrealista donde unas semillas como las de la película eran disparadas con cañones durante una batalla. Recordemos que hacia el final de la película hacen su aparición en la misma varios camiones militares. Si ello no fuese suficiente, bastaría leer el libro de Robert L. Van de Castle Our Dreaming Mind (Ballantine, 1994, p. 241). En el mismo su autor describe dos estudios desarrollados por D. Foulkes donde se les mostraban dos películas diferentes a varios individuos, tratando de determinar sus efectos en el contenido de los sueños posteriores. El primer estudio indicaba que, en un 5 por ciento de los sueños, había sido obvio para los jueces si la película vista con anterioridad había sido una neutral comedia romántica o una "del oeste". En su segundo estudio, el propio Foulkes habría asegurado que el 8 por ciento de los sueños incorporaron elementos de la película observada con anterioridad. Nunca digas nunca jamás.

También recomendaría The Wilderness of Dreams, de Kelly Bulkeley (State U. Of NY Press, 1994, pp. 188-9) donde el autor comenta un sueño en el que el protagonista está siendo diseccionado por un malvado alienígena. La influencia de la película Excalibur, vista recientemente, resultaba evidente por la presencia de varios caballeros con armadura en la parte inicial de esa pesadilla. Bulkeley también menciona haberse despertado en varias ocasiones con el corazón desbocado por su desesperada huida de Darth Vader, personaje cuyo origen cinematográfico está más allá de toda duda. La afirmación de Brown resulta difícil de admitir dado el innumerable número de ejemplos que a lo largo de más de un siglo se han ido acumulando y que apuntan al hecho innegable de que los sueños incorporan imágenes distorsionadas de nuestros recuerdos (Freud, Sigmund, La Interpretación de los sueños). Puesto que las películas sí quedan almacenadas en nuestra memoria, cómo podrían dejar de ser utilizadas en nuestros sueños?

El uso, por Brown, del término "reproducida parcialmente" parece indicar que él piensa que mi afirmación sobre la influencia cinematográfica supone una repetición exacta de la película en los sueños de Betty. Permítanme citar mi artículo original para refrescar su memoria: "La similitud entre Invaders from Mars y las pesadillas de Betty Hill es imperfecta y, evidentemente, no ofrece nada del rigor de una fórmula matemática. Los sueños y las pesadillas, por propia naturaleza, no son casi nunca memorias verídicas. Incluso si Betty Hill fue realmente secuestrada, resultaría muy poco usual que sus pesadillas fuesen una reconstrucción fotográfica de su trauma. Las emociones sufridas volverían a surgir, pero tendrían sólo una similitud metafórica con su contenido dramático. Lo máximo que uno podría esperar serían fragmentos de imágenes distintivas que nos ayudaran a reconstruir las fuentes de las que surgió el sueño. Es de alguna forma increíble que existan suficientes elementos de este tipo... como para lograr una identificación que podríamos considerar convincente."

También debe señalarse, en contra de lo expuesto por Brown, que yo en ningún momento afirmo que esta película sea el origen de las pesadillas de Betty. En mi artículo también mencionaba otras posibles influencias, como el libro de Keyhoe. Más recientemente, he mencionado la incorporación de sus temores a una posible contaminación radiactiva como posible fuente de algunas de las imágenes médicas en sus pesadillas (MAGONIA Monthly Supplement n 12, Febrero 1999) (3). Existen muchos orígenes, enfatizo claramente el plural, para su experiencia.

QUIÉN NECESITA TEORÍAS?
Greg Sandow
, en su ensayo "The Abduction Conundrum" (Anomalist n 7, Invierno 98/99, y en la página electrónica personal del propio Sandow) (4) nos ofrece otro tipo de críticas. En su opinión, yo no me doy "cuenta de lo ridículo" que parezco cuando apunto como alguno de los elementos de los relatos de abducción ya habían aparecido en relatos de SF anteriores. Sandow reconoce que cualquier podría "picotear" entre ejemplares antiguos de Amazing Stories (Historias Asombrosas) descubriendo elementos que aparecen también en los casos de abducción. Su queja es que yo he sido incapaz de explicar como todos ellos acaban confluyendo en estas modernas narrativas sobre abducciones que se desarrollan a todo lo largo de la vida de una persona y donde son utilizados sexualmente sin que nadie nos explique sus planes. Resumiendo, mis ideas se limitan a vulgares "Te Pillé!": "Kottmeyer no hace predicciones con su teoría, no nos ofrece ninguna forma de separar aquellos relatos de abducción que pudieran haber sido influenciados por los medios de aquellos otros que no lo habrían sido. Además... los detalles que aparecen en la SF podrían ser velados recuerdos de abducciones reales".

Esa concesión de que efectivamente podemos encontrar elementos de las abducciones en el entorno cultural precedente olvida que con ello yo estaba tratando de refutar una afirmación previa de Budd Hopkins, quien aseguraba que tal hallazgo era imposible. Nadie, sea profesional o aficionado, necesita tener una teoría para demostrar tal hecho. El propio Sandow no se da cuenta de que si él alega que los relatos de SF de principios de siglo contienen recuerdos velados de abducciones reales, está echando por tierra toda el montaje interpretativo desarrollado por Jacobs, Hopkins y Bullard, i.e. que los alienígenas llegaron a nuestro planeta en torno a 1947 y que nada semejante existe en la cultura precedente porque ellos no estaban aquí. Eliminemos tal suposición y todos sus argumentos a favor de la novedad caen por su peso.

Cuando habla de que yo no ofrezco ninguna explicación para el guión moderno de las abducciones, y más concretamente, sobre por qué los alienígenas no explican sus planes, Sandow está claramente repitiendo como un loro un argumento presentado por David Jacobs en su libro Secret Life (Vida Secreta) (Fireside, 1992, p. 297) (Ediciones B, 1993, p. 320). Sandow pretende que yo respondiese en un artículo escrito en 1990 a un argumento que no fue formulado hasta dos años más tarde. Tras leer el libro de Jacobs, yo mismo señalé que partes de este nuevo argumento eran errores demostrables. Existen bastantes alienígenas en la gran pantalla que jamás se explican, y su interés por la procreación resulta evidente en muchas películas. Tuve ocasión de comentar todos estos puntos en mi artículo de mayo de 1994 "Spawn of Inseminoid" (REALL News, 2, 5). Es cierto que nunca me molesté en analizar esa línea argumental de que los abducidos sean secuestrados repetidamente a lo largo de su vida, pensando que nadie lo consideraba algo importante. De hecho, yo tenía la impresión de que todo ese asunto de que los abducidos sean seguidos a lo largo de toda su existencia era más bien algo a disimular, pues se trata de una línea argumental claramente inexistente con anterioridad a Hopkins. Se trata de algo inconsistente con todo el catálogo de abducciones conocidas con anterioridad a su entrada en escena.

UNA HIPÓTESIS PREDICTIVA
Sandow reclama un método para separar las abducciones influenciadas por los medios de comunicación social de aquellas otras que no lo han sido. Fácil. Hagan que los abducidos persuadan a los alienígenas para que visiten a Seth Shostak o a Stephen Jay Gould. Persuadan a los alienígenas para que les entreguen copia de sus libros de bitácora, un traductor universal y una biblioteca de un centenar de volúmenes que traten en profundidad temas como la zoología alienígena, la paleontología alienígena, la bioquímica alienígena, junto a textos médicos, de historia del arte y guías de antigüedades que nos demuestren que proceden de un civilización alienígena con pedigrí. Si esta documentación respalda las historias de abducción sabremos sin lugar a dudas cuáles relatos son reales y no influenciados. Si ello fuera imposible, siempre nos quedan cosas como registros minuciosos de las habitaciones (al estilo de los que hace el FBI) para la búsqueda de restos de piel o escamas alienígenas, avistamientos masivos de sus naves, o grabaciones instrumentales tales como una de esas intrusiones grabada en un vídeo tan evidente que no pueda ser rebatido por los escépticos.

Sandow pide predicciones. Bien. La conquista por parte de esos bichos gigantes alienígenas que Jacobs menciona jamás ocurrirá. Los distintos Apocalipsis vistos por los abducidos y que el Dr. John Mack respalda nunca tendrán lugar. La ciencia nunca acabará entrando en masa en la ufología ni siendo convencida de la existencia de seres alienígenas dedicados a espiar a la humanidad o a usarnos como parte de un programa de hibridación. La cultura OVNI en general seguirá manifestando todo tipo de aspectos paranoides. El gobierno, incapaz de probar a satisfacción de los ufólogos que no está involucrado en un encubrimiento masivo, nunca acabará confesando.

Sobre esa proposición general de que los teóricos psicosociales no ofrecen propuestas verificables, posición mantenida tanto por Sandow como por Brown, me gustaría recordarles a estos críticos mi artículo "Abduction: The Boundary-Deficit Hypothesis" (Magonia n 32) donde yo predecía: "la población final de aquellos que aseguran haber sido abducidos estará compuesta por una gran proporción de personalidades con déficits fronterizos". Más tarde tendría ocasión de señalar que existe un cuestionario desarrollado por Ernest Hartmann capaz de discriminar de forma válida entre aquellas personas que tienen unas fronteras débiles o difusas y aquellas otras que tienen unas fronteras mentales claras o reforzadas (Kottmeyer, Martin, "Testing the Boundaries", Bulletin of Anomalous Experience, 5, 4, Agosto 1994). Unos valores bajos refutarían mi hipótesis. Poco después David Ritchey sometería a 14 abducidos a este cuestionario. El resultado promedio fue 305 ("Elephantology - The Science of Limiting Perception to a Single Aspect of a Large Object, Parts II y III", Bulletin of Anomalous Experience, 5, 6, Diciembre 1994, pp. 11-16). Tal resultado encaja primorosamente dentro del rango definido como "fronteras débiles" (Hartmann, Ernest, Boundaries of the Mind, Basic, 1991, p. 254).

Brown declara que "la histeria es la piedra fundacional sobre la que se levanta todo el Modelo Psicosocial". En mi opinión, esto no es correcto. Cualquiera que haya seguido mis escritos sabe que mi argumento central es que lo que subyace y modela gran parte de las creencias OVNI es la paranoia. Tal idea quedaría refutada si fuera posible verificar la HET en alguna de las formas mencionadas anteriormente. A falta de ello, muchos teóricos podrían llegar a descartarla si se pasasen cuestionarios psicológicos como el MMPI a creyentes en los OVNIs y los resultados en la escala Pa (Paranoia) resultasen bajos. Echando un vistazo a estudios similares ya realizados con abducidos - que podemos presumir serán creyentes en los OVNIs- comprobamos que más bien tienden a resultados por encima de la media. Leo Sprinkle y Parnell pasaron dos cuestionarios psicológicos estandarizados a 225 personas que habían denunciado experiencias OVNI. Ambas pruebas encontraron valores moderadamente elevados en la escala Pa, siendo significativamente superiores en aquellos que mencionaban experiencias de comunicación (Parnell, June O. Y Sprinkle, R. Leo, "Personality Characteristics of Person who Claim UFO Experiences", Journal of UFO Studies, n.s. 2 (1990), pp. 45-58). Rodeghier, Goodpaster y Blatterbauer obtuvieron un valor Pa muy similar al obtenido por Parnell y Sprinkle, cuando sometieron a 27 abducidos al MMPI (Rodeghier, Mark, Goodpaster, Jeff y Blatterbauer, Sandra, "Psychosocial Characteristics of Abductees: Results from the CUFOS Abduction Project", Journal of UFO Studies, n.s. 3 (1991), pp. 59-90). Naturalmente, los partidarios de la HET descartan todos estos resultados con una interpretación como diciendo -reconozco que es una caricatura-: "Bueno, tú también estarías paranoico si los alienígenas te visitasen repetidamente por la noche, clavándote agujas en la nariz y robándote tu esperma, tus óvulos o tus embriones para crear híbridos que salven a su raza moribunda". Qué puede uno argumentar contra esto?

Nada, es evidente. En su lugar, das un paso adelante e intentas desarrollar una historia de los Grises que muestre como sus orígenes están más bien entre las novelas baratas de SF de principios de siglo y algunas teorías evolutivas ya descartadas (5). Brown responde que esto no nos enseña nada sobre la gente que no supiéramos ya. Bueno, en mi opinión, sí lo hace! (tomando prestados por un momento sus signos de exclamación). Ni Hopkins, ni Jacobs, ni Mack, ni de hecho ningún investigador abduccionista ha ofrecido una historia del concepto de los Grises en ninguno de sus escritos, así que todo mi trabajo aporta nuevos conocimientos, por muy profundo que sea el rechazo que ello provoque en Brown. El hecho de que David Hufford, a quien Brown sugiere que deberíamos imitar, estuviese más interesado por detalles clínicos tales como las parálisis nocturnas que por los orígenes e inconsistencias en los contenidos superficiales de las experiencias con la "Vieja Bruja" ("Old Hag"), sólo nos indica que Hufford daba por descontado que nadie pondría en duda el axioma evidente de que ninguna Vieja Bruja real asentaba sus posaderas en el pecho de la gente. Poder afirmar que los Grises tienen con casi toda certeza un carácter de ficción antes que real, resulta claramente relevante a la hora de decidir si la paranoia es del tipo "los alienígenas me están torturando de verdad" o del tipo "la desconfianza influye en como interpreto los hechos extraños que me suceden". Desconozco si ello tiene alguna importancia para los especialistas. No soy médico ni nunca he pretendido serlo. Sin embargo, es obvio que muchas de las personas que se acercan a esta fenomenología se encuentran todavía en la incertidumbre de saber si las experiencias de abducción representan algo sobre lo que deberíamos preocuparnos como una amenaza real contra la humanidad, o si se trata de un trágico sentimiento erróneo del que esperamos que los afectados despierten alguna vez.

INSATISFACCIÓN GARANTIZADA
No pienso ofrecer ninguna gran teoría unificadora sobre las experiencias de abducción capaz de resolver todas las demandas actuales o futuras que Sandow plantea a la teoría psicosocial. Tal cosa resultaría imposible sin disponer previamente de algunas grandes teorías unificadoras y convincentes sobre los sueños y pesadillas, sobre la mitología y sobre las obsesiones culturales. No obstante, puedo decir un par de cosas en lo que se refiere a reconocer falsas creencias y argumentos falaces. Mi curiosidad me lleva en ciertas direcciones a la hora de explicar estos errores y sigo pensando que mis aportaciones al pensamiento psicosocial tienen cierto mérito. Que algunos lectores las rechacen o difamen resulta desafortunado, pero la vida es diversidad y ni siquiera entre los ángeles se da un acuerdo universal sobre algo (Jeffrey Burton Russell, Lucifer, Cornell, 1984, pp. 36, 44. Tanto los ángeles como los humanos, a diferencia de los alienígenas, se cansan ocasionalmente de ser meros servidores, o al menos eso me han dicho). Sigo deseando que la gente medite y se de cuenta de que muy probablemente este fenómeno seguirá vivo sin llegar a ninguna resolución satisfactoria para todos los afectados. Si alguno de ustedes tiene vocación de servir a la humanidad, mejor se dedica a algo más provechoso como guardaespaldas, bombero, médico, ingeniero, fabricante de automóviles, granjero, etcétera. Mantenga sus opciones abiertas si lo prefiere, pero diversifique sus intereses para incluir otras cosas que no resulten en un desperdicio semejante de su tiempo, dinero y tranquilidad emocional.

El paso del tiempo no sólo nos dirá quién tenía razón en este asunto; en su mayor parte ya lo ha hecho.

Traducción de Luis R. González Manso

(1) N. del T.: "Serendipity" es una bella palabra inglesa intraducible (aunque la he visto vertida al castellano como "serendipia") que fue inventada en 1754 por el ensayista Horace Walpole, a partir de un cuento de hadas titulado "The Three Princess of Serendip", cuyos héroes estaban siempre haciendo descubrimientos, por una mezcla de accidente y sagacidad, sobre cosas que no estaban buscando. Serendip, por su parte, es uno de los antiguos nombres de la isla de Ceilán, en el mar Índico.

(2) N. del T.: Existe traducción en castellano. Suplemento Internacional Cuadernos de Ufología (CdU)

(3) N. del T.: Existe traducción en castellano. Suplemento Internacional de CdU.

(4) N. del T.: Existe traducción en castellano. A publicar en CdU.

(5) N. del Ed: Kottmeyer se refiere a su artículo "Por qué los Grises son... grises?", publicado por primera vez en MUFON UFO Journal n 319, Nov. 1994, cuya traducción al castellano se publicará en una próxima actualización de Dios!

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