[A 10 AÑOS DE WACO]

SOBREVIVIENTES DEL APOCALIPSIS:
MÁRTIRES DE UNA CAUSA EXTRAÑA
Por Mariana Comolli y Alejandro Agostinelli
El escándalo de la Rama Davidiana antecedió a la voladura del edificio federal de Oklahoma, al caso O. J. Simpson, al affaire Clinton-Liwinsky, a los atentados del 11-09-01 y a las invasiones a Afganistán e Irak. Aquella historia mantuvo al mundo en vilo durante 51 días. Lo que empezó siendo una tragedia confusa y más bien pequeña, derivó en masacre. Desde entonces, EE.UU. es otro país. Pocos recuerdan que el apocalipsis yanqui comenzó en Waco, Texas, un 19 de abril de 1993.

Internet -remedando a Stephen D. O’Leary- debe ser el único lugar en la Tierra donde el fuego de Waco continúa ardiendo (1). En miles de páginas de la web proliferan versiones de teorías conspirativas, rumores difíciles de probar y aún más de refutar. El cúmulo de ‘verdades’ contradictorias (y los intereses cruzados que éstas representan) demuestra que el desgraciado final del rancho de Monte Carmelo se parece cada vez más a un relato mitológico, donde ciertas certezas se desvanecieron con las cenizas y las dudas crecieron con la confusión de los sobrevivientes, el dolor de los familiares y el temor de los funcionarios del gobierno a descubrirse en el banquillo de los acusados. Y todas esas pasiones mezcladas no hacen más que estimular el escepticismo.

A diez años de Waco, es inevitable comparar el impacto de aquella tragedia televisada con la que luego causaron, -varias veces multiplicada- los ataques del 11 de setiembre de 2001 en Washington y Nueva York o la revancha imperial, al cabo de los no menos bestiales bombardeos sobre las poblaciones de Afganistán e Irak de 2002 y 2003.

Pero, en 1993, EE.UU. era otro país.
En el poder no estaban los Bush y sus halcones sino Clinton y sus palomas (o al menos así nos lo contaron...) David Koresh no custodiaba pozos de petróleo. El líder de los davidianos ni siquiera era el demonio que el gobierno quiso pintar cuando creyó que bastaba para evadir sus propias responsabilidades. Koresh sólo era un predicador neocristiano -verborrágico, tosco y rebelde-, que creía fervientemente en el Apocalipsis, creía oir instrucciones de Dios dentro de su cabeza y, cuando el mundo se le vino abajo, hizo un último intento por reconstruir su visión del mundo pidiendo tiempo para terminar de escribir su nueva cosmogonía, que era su interpretación personal del Séptimo Sello. A los davidianos no se los acusaba de algo así como ‘poseer armas de destrucción masiva’ para justificar el ataque que siguió al hostigamiento de 51 días sino de almacenar un puñado rifles automáticos. Pero, como en Irak, a Washington no le hacían falta pruebas para quitárselos de encima. En realidad, el poder nunca necesita tener razón para demostrar al mundo quién es el más fuerte.

David Koresh y los otros 75 ‘ángeles del Apocalipis’ que perdieron la vida en Monte Carmelo se convirtieron en mártires de una causa extraña. Las milicias ultraderechistas tuvieron con Waco la oportunidad de exhibir un ejemplo de cómo el gobierno aplasta a quienes pretenden autodefenderse (siendo el caso extremo el del ajusticiado Timothy McVeight, principal responsable de la voladura del edificio federal de Oklahoma en 1995); medios e intelectuales progresistas, por su parte, tampoco tardaron en hallar buenas razones para repudiar la salvaje agresión que constituyó cruzar el cerco de una comunidad religiosa disidente como si fuera un búnker donde se refugiaban criminales.

Gran parte del público también se alineó contra Washington a propósito del escándalo de Waco. En una encuesta de agosto de 1999, el 61 por ciento de los estadounidenses acusaba a los funcionarios del gobierno de haber aplicado la ley a sangre y fuego. Aún así, el historiador H. W. Brands, un escritor e investigador de Texas, aseguró que el episodio sólo aumentó las sospechas entre gente que ya desconfiaba del gobierno. Según Brands, en los ‘90 los norteamericanos miraban con preocupación el crecimiento del mercado de la tecnología armamentista de la cual Koresh era una de las encarnaciones prácticas del estereotipo. Y que, a pesar del desastre, el gurú no caía bien debido a las historias de abuso sexual de menores que circulaban sobre él.

Lo cierto es que el final en llamas en Monte Carmelo fue lo suficientemente confuso para que la cuestión de ‘lo que realmente sucedió en Waco’ alcanzara la categoría de mito. Más cuando los intereses en pugna -familares de las víctimas, minorías religiosas, funcionarios del Estado- son claramente antagónicos.

GRACIAS POR EL FUEGO
Aún se discute quién o quiénes prendieron la mecha en Waco. Y algunos creen que la historia del caso dará un vuelco cuando se determine, si esto todavía fuera posible, quiénes dispararon primero y cómo se originó el incendio. Sin duda, aquellos son los datos clave para fijar responsabilidades, esto es: si desde el principio el gobierno de Clinton estuvo directamente comprometido en la masacre, si los davidianos pegaron el primer tiro cuando el 28 de febrero de 1993 irrumpieron los agentes y luego, cuando el FBI atacó el 19 de abril, se suicidaron en masa, o si convergieron una o más causas accidentales, desatadas, eso sí, con el agresivo asalto de los tanques abriendo boquetes e inoculando gases tóxicos en un complejo donde había mujeres y niños. Cuando los pronunciamientos justiciales -favorables a la tesis oficial- siguen siendo cuestionados, existen dos conclusiones que comparten los principales analistas de la tragedia policial-religiosa más escandalosa del siglo XX:

  • El mayor pecado de los davidianos fueron sus creencias milenaristas. Ellos, Koresh en primer lugar, fueron responsables de haberse obstinado, dramáticamente, a ajustarse al papel que les había designado Koresh en el libreto bíblico. Son ante todo culpables de... creer. De haber creído en la proximidad del fin del mundo y haber actuado sus creencias hasta el final, exponiendo sus vidas al peligro que constituía seguir los designios de un mesías cuyas profecías –al fin y al cabo- parecían cumplirse.

Ante la ‘construcción policial’ de esta realidad demencial, sirve de poco clamar que hubiera sido sido más saludable para todos que las profecías de Koresh quedaran en manos del destino o dejar que se cumplieran por causas naturales. Porque...

  • El primer pecado de las autoridades federales fue lanzar un asalto armado sin causas justificadas. Luego -como señala J. Gordon Melton en el ensayo Final en llamas, publicado en este dossier- es responsable de haber actuado con impaciencia negligente e ignorancia criminal sobre cómo enfrentar una situación donde no hacían falta tanques ni gases lacrimógenos sino expertos en la Biblia que le hicieran ver a Koresh que estaba equivocado. "Es casi seguro que las acciones del gobierno aumentaron la resolución de los residentes en el complejo, acallaron a quienes tenían dudas e hicieron crecer a Koresh al validar efectivamente sus predicciones. Los intentos realizados durante el asedio en ‘aumentar la presión’ mediante técnicas tales como la iluminación con reflectores y bombardeo de sonido parecen ahora tan patéticas como contraproducentes. Reflejan la premisa errónea de que la Rama Davidiana se interesaba más por calcular los costos y beneficios que por llevar unas creencias profundamente arraigadas a sus conclusiones lógicas. Puesto que las acciones del gobierno parecían apoyar las enseñanzas de Koresh, sus seguidores tenían pocos incentivos para ponerlas en tela de juicio", escribió, en una columna indignada -escrita a escasas horas de la tragedia-, el profesor Michael Barkun, un destacado experto en creencias milenaristas (2).

RECAPITULACIÓN: LO QUE ESTUVO EN JUEGO EN WACO
La Rama Davidiana era una comunidad religiosa multirracial, asombrosamente liberal y -según la mayoría de los sobrevivientes- feliz hasta el 28 de febrero de 1993, cuando un grupo de la Oficina de Tabaco, Alcohol y Armas de Fuego (ATF) quiso tomar por asalto las instalaciones del rancho de la Rama Davidiana, presentándose un tiroteo que dejó a 10 muertos (4 policías y 6 davidianos) y heridos de ambos lados. Tras 51 días de ‘soportar’ cómo el líder de esa pequeña religión pretendía imponer desde los medios su visión del mundo, la administración Clinton decidió poner fin a su primera crisis enviando tanques de asalto a introducir gases tóxicos en el edificio donde se apiñaban los fieles, entre los cuales había 25 niños. Las imprevisiones del FBI fueron tan evidentes que aún se ignora si los davidianos estuvieron intentando evitar morir asfixiados, si Koresh decidió que debían quitarse la vida para no caer en manos de los ‘babilonicos’ (como llamaban, no son razón, a los agentes federales) o si el incendio fue iniciado accidentalmente por el FBI: los recipientes de gas que lanzaron al interior del edificio -se confirmó luego- contenían cloruro de metileno, un producto que produce mezclas de vapor inflamables al contacto con el aire en grandes cantidades, que pueden estallar en un recinto cerrado.

Se acusó a Koresh de abusar de menores y las pruebas reunidas antes del asalto eran insuficientes, porque no había orden de allanamiento sino de detener a Koresh, y una autorización para buscar en el complejo armas ilegales, y no a un pederasta a quien se podrían haber llevado por los pelos en uno de sus paseos. Los testimonios que corroboraron la acusación de abuso sexual de menores sólo se consiguieron a posteriori, casi a pedido de grupos de presión sedientos de justicia, cuando Kiri Jewell, según una declaración que leyó en el Congreso en 1995, declaró que, a los 14 años de edad, fue llevada por su madre davidiana a un motel donde Koresh la obligó a mantener sexo para procrear otro hijo del mesías. Su madre, Sherri, murió en el asalto del FBI del 19 de abril. Kiri, que hoy tiene 24 años, termina su carrera de ciencias políticas y económicas, y trabaja como actriz en Michigan. Kiri ‘perdonó a su madre’ porque entendió que aquel acto era parte de la intensidad de su fe (3).

Los hijos de las víctimas de Waco, según se pudo ver en un especial de Prime Time que proyectó la cadena ABC a propósito del décimo aniversario de la masacre, aún se preguntan por qué sus padres eligieron a Koresh y no a ellos, si es cierto, como parece, que tomaron la decisión de morir por sus creencias en Monte Carmelo (4). Los niños de Waco, como se tituló el programa que para iberoamérica transmitió la cadena Mundo Olé, aceptaron encontrarse con Byron Sage, el agente que desde su altavoz le seguía pidiendo a Koresh la rendición mientras el edificio se hundía en un torbellino de llamas. Aquellos niños, hoy jóvenes, esperaban que alguien con responsabilidad les pidiera perdón. Byron Sage no les dio el gusto. "¿Por qué no enviaron un camión bomberos a apagar el incendio?", le preguntó uno de los jóvenes. Sage, más preocupado porque "quizá entre los padres de aquellos niños estuvo quienes dispararon contra mis agentes", respondió inmutable: "Es díficil mandar bomberos cuando te están apuntando". El agente se permitió una sola concesión: "Creímos que los padres iban a tener el instinto natural de proteger y sacar a sus hijos de allí, y nos equivocamos", les dijo Sage a los diez jovenes que perdieron a sus padres en la hoguera de Waco.

En resumen:

  • Todavía hay opiniones divididas sobre quién disparó primero durante el asalto del 28 de febrero de 1993, cuando los agentes de la ATF llegaron al rancho de la Rama Davidiana con una orden de detención de Koresh y una autorización para buscar armas ilegales.
  • Los davidianos que sobrevivieron a la tragedia insisten en que ellos comenzaron a disparar para defenderse del ataque. Los agentes de la ATF, al contrario, acusaron a los davidianos de haberles tendido una emboscada porque ellos ya estaban sobreaviso.
  • Una década después, nadie responde por qué la ATF actuó así en vez de arrestar a Koresh cuando salía a hacer jogging, iba al pub o viajaba a la ciudad.
  • El gobierno no presentó evidencia que desmintiera que los tanques hubieran introducido deliberadamente dosis mortales de gas venenoso en un edificio sin ventilación donde había mujeres, jóvenes y a niños.
  • Seis seguidores de Koresh, tres de los cuales estuvieron con él los 51 días que duró el asedio, actualmente cumplen sentencia en las prisiones federales de Louisiana, Kentucky, Illinois y California. Los davidianos -condenados por portación de armas y homicidio involuntario- quedarán libres en 2006 y 2007.

LA CAUSA CONTRA EL GOBIERNO
Mientras se sustanciaba el juicio por homicidio contra el gobierno en el juzgado federal del doctor Walter Smith, la señora Bonnie Haldeman -madre de David Koresh- afirmó: "Siento que las cosas están yendo bien". Bonnie perdió a sus trece nietos en el fuego de Waco. El caso es impulsado por la defensa de catorce chicos que murieron en el fuego, una niña de 15 años que sufrió quemaduras graves y tres padres cuyos hijos murieron en Monte Carmelo.

Hace dos años, Sandy Connizzo planteó por última vez su demanda pidiendo más detalles de la muerte de su hijo Michael Schroeder, un joven de 29 años que recibió 7 disparos de los agentes federales el 28 de febrero mientras trataba de regresar al complejo davidiano. Allí estaba su esposa Kathy, su hijo de 3 años Bryan y los otros hijos de Kathy: Scoth de 12 años, Jake de 10 y Chrissy de 8. Su viuda Kathy ahora está "demasiado ocupada criando a sus hijos" para buscar la verdad. "De todos modos -dice- no me prestarían atención". La pareja conoció a Koresh en 1989 y pronto decidió seguirlo hasta Waco. Allí -asegura Kathy- la vida fue buena hasta el 28 de febrero de 1993. Kathy dejó el sitio el 12 de marzo de 1993 y aceptó declarar. Al salir estuvo presa tres años por resistir a la autoridad con un arma de fuego. A veces, dice Kathy, "hubiera deseado irme con mi esposo". Extraña su vida familiar con Mike en Monte Carmelo. "Allí la vida era mucho más simple. Cuidábamos los unos de los otros. Nada tiene sentido fuera de allí. Es un caos constante", reflexiona. Pero, finalmente, las cosas no salieron como hubiesen deseado las familias de las víctimas del 19 de abril en Waco.

  • Janet Reno, la Procuradora General del Estado y quien aconsejó a Clinton que no se podía esperar más a Koresh (quien pedía tiempo para terminar un libro sobre los Siete Sellos, cuya existencia fue demostrada) encargó una ‘investigación independiente’ al Consejero Especial, John Danforth. Danforth, un ex senador republicano, concluyó que la persistencia de las acusaciones contra el gobierno son ‘irrazonables’ a la luz de la ‘evidencia abrumadora’ que libera a la administración demócrata de toda responsabilidad. No sólo Danforth desligó al gobierno del asunto sino que acabó exonerando a los agentes que asediaron el sitio.
  • Sin embargo, diferentes libros de investigación, especialistas y denunciantes responsables continuaron planteando preguntas sobre Waco que el informe Danforth dejó sin contestar. Un creciente movimiento de protesta alternativo intensificó las críticas, cuestionando desde las raíces, con el apoyo de académicos de la religión, el injusto curso de los acontecimientos.
  • En este contexto surgió el documental ‘Waco: Las Reglas del Engaño’ (Waco: Rules of Engagement, nominado a un Oscar, ganador de un premio Emmy y emitido por la HBO). El impacto del programa fue tan alto que forzó al gobierno a reabrir el caso. Mike McNulty, productor de este y otros dos films donde se cuestiona la política del gobierno sobre el caso, explicó hace poco: "La gente se da cuenta de que algo estuvo mal. Lo supieron cuando vieron entrar a oficiales del FBI en vehículos llenos de armas y tanques en un lugar donde estaba lleno de mujeres y niños".
  • El documental de McNulty presentó imágenes aéreas que, vistas en infrarrojo, parecen mostrar que el FBI disparó en el interior del complejo durante el asalto del 19 de abril. También mostró cartuchos de granadas pirotécnicas que habrían sido lanzadas el último día, pudiendo éstas ser las causantes del incendio.
  • El informe Danforth concluyó que el video no registra disparos de armas de fuego sino que los destellos son producto de la luz del sol, que reflejaba los escombros en el área que rodeaba el complejo davidiano.
  • Los abogados de la defensa desestimaron las conclusiones de Danforth sobre las evidencias fílmicas de los disparos porque la pericia técnica ‘fue realizada por empresas contratistas del gobierno’.
  • En otra causa abierta en Waco y cerrada en septiembre de 2000, el juez Walter Smith volvió a negar la responsabilidad estatal y desechó el alegato de los fiscales, apoyándose en que los agentes federales "no usaron la fuerza bruta" el 19 de abril, donde ‘sólo se utilizaron gases lacrimógenos’. Smith consideró que los propios Davidianos iniciaron el fuego, que mató a 76 hombres, mujeres y niños.
  • Ante la denuncia de que se utilizó cloruro de metileno, un producto inflamable, como propulsor para inyectar el gas lacrimógeno en el edificio, Danforth descartó que el material hubiera podido contribuir a la extensión del fuego ya que "no es posible evaluar la inflamabilidad que se le presume al gas" bajo las condiciones que reinaban en el complejo de Waco.
  • Michael Caddell -abogado de los davidianos- acusó al juez Smith de tener prejuicios contra la Rama Davidiana y su líder, David Koresh. Caddell alegó imparcialidad ante la cámara de apelaciones asegurando que Smith tenía preconceptos, probando que antes de expedirse formuló una ‘caracterización negativa’ del grupo al calificar a Koresh de ‘loco’ y ‘asesino’.
  • No sólo eso: la parte demandante a la vez presentó un documento de 125 páginas al Circuito de la Corte de Apelación de Nueva Orleans Número 5. Allí reúnen pruebas de que Smith participó de la planificación del asedio y manipuló evidencia. De hecho, Smith ya había dado por cerrado el caso con anterioridad.
  • La Rama Davidiana y las familias de las víctimas apelaron el rechazo a su reclamo de $ 675 millones de dólares por los muertos. Piden un nuevo juicio y con otro juez. "La hostilidad del juez contra esta gente, que la pueden ver, pone de manifiesto que un juicio justo es imposible", afirmó Ramsey Clark, abogado a cargo de la defensa.
  • Hay un punto donde las críticas son unánimes: el ATF, del FBI, y del departamento de la Justicia actuaron con negligencia extrema. Los cuestionamientos que encabezan la lista son: trabajos de inteligencia pobres, errores en los juicios, declaraciones poco claras, mentiras y encubrimientos.
  • Pero las sospechas llegaron más allá: rozaron desde la ATF hasta funcionarios locales, desde oficiales del FBI hasta la Procuradora General del Estado Janet Reno y el presidente Bill Clinton.
  • ¿Cuáles son los motivos de tanta suspicacia? El gobierno negó por años que se utilizaran balas pirotécnicas en el asalto final. Pero cuando apareció esta evidencia, Janet Reno, en una carta que es de dominio público, suprimió deliberadamente esta referencia. También despertó sospechas que piezas cruciales de evidencia forense hubieran simplemente desaparecido o habrían sido destruidas por el gobierno "cuando las cenizas aún estaban calientes".
  • El cuerpo de bomberos de Waco no fue llamado hasta ocho minutos después de que el fuego comenzó. Además, no fueron permitido el acceso de los autobombas hasta que el edificio se había consumido casi totalmente.

A 10 años del desastre, los habitantes de Waco aún esperan romper la relación que todos hacen entre la ciudad y los davidianos. "En los primeros cinco años, a cualquier persona que le decía que yo soy de Waco, me relacionaba inmediatamente con la Rama Davidiana", se queja el empresario Curtis Cleveland. "Pero hace poco estuve en Pasadena, California, salió el tema y le tuve que recordar a la gente quién era David Koresh... Ver que eso está desapareciendo de la memoria de la gente -concluyó Cleveland- es reconfortante".

Notas y referencias:
1) O’ Leary, Stephen D. ‘El fuego de Waco continúa ardiendo en el Web’, en Online Journalism Review 13 octubre de 2000, en http://ojr.usc.edu/content/story.cfm?request=468 /

2) Thompson, Damian; El fin del tiempo. Fe y temor a la sombra del milenio. Grupo Santillana Editores, Col. Taurus, 1998. Pp. 343.

3) Kiri Jewell, en Prime Time, insistió en que ‘perdonaba a su madre’ incluso cuando el conductor, Charles Gibson, le planteó que -cuando ella también fuera madre- ‘seguramente iba a revisar su idea’, ya que ‘para un padre no hay nada por encima a un hijo’. Gibson juzgaba la calidad del amor de la madre de Kiri ante su propia hija y ante millones de espectadores. Sólo la impunidad que otorga a ciertos personajes la TV puede permitir que un conductor cuestione la escala de valores de una madre ante su propia huérfana mientras ésta se esfuerza por comprender los actos de su difunta.

Noticias consultadas:
"Davidians Appeal Wrongful-Death Case" (AP, April 18, 2002) "Rama DavidianaPush for New Trial" by Adam Nossiter, (AP, Feb. 10, 2003) y "Davidians Pursue Claims Against U.S." by Adam Nossiter (AP, February 9, 2003), "Controversy still surrounds tragedy" A look at the events, politics and those who were involved by Jason Embry (The Waco Tribune-Herald, February 23, 2003) / "Survivors Mark 10-Year Anniversary of Raid on Branch Davidians" (AP, February 28, 2003) / "10 Years Later, Uneasy Acceptance" by Lorie Jewell (Tampa Tribune, February 28, 2003)/ "Survivors Mark Anniversary of Waco Raid" by Angela K. Brown (AP, February 28, 2003). (Nuestro agradecimiento a Alejandro Frigerio, por varios de los artículos utilizados).

ENLACES RELACIONADOS
Waco Tribune Herald http://www.wacotrib.com

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