[ESTRENO]

TODOPODEROSO COMO DIOS:
MUECAS TORPES DEL CREADOR
"Bruce Almigthy", 2003. Ver Ficha
Por Luis R. González
Si esta comedia se hubiera atrevido a ir más allá de la inoperancia divina ("¿desde cuando la gente sabe lo que quiere?") y de ese trillado mensaje paternalista según el cual el verdadero poder para cambiar está en la propia gente y en la ausencia de egoísmo, hubiera valido la pena. Los fanáticos de Jim Carrey de parabienes: no falta ninguna de sus morisquetas. Uno de los motores de la historia es que es un dios con poderes limitados y forzado a respetar el libre albedrío.


Se cuenta que el rey de Castilla Alfonso X "El Sabio" comentó en cierta ocasión que si Dios le hubiese consultado a la hora de la Creación, habría podido ofrecerle algunos valiosos consejos. Poco importa que los historiadores pongan en cuestión la veracidad de esta anécdota, lo cierto es que todos nosotros hemos caído alguna vez en este pecado de orgullo, creyendo que podríamos hacerlo mejor que el Creador. Por suerte (o por desgracia, quién sabe), nadie nos ha tomado la palabra.

Si hemos de creer en Hollywood, mejor que haya sido así, a juzgar por lo que le sucede a Bruce Nolan (Jim Carrey), un cronista de la televisión local de Buffalo (EE.UU.) cuando un Dios negro y políticamente correcto (Morgan Freeman) decide ofrecerle tal oportunidad, al cabo del peor día de su vida. Bruce se convierte en un dios egoísta, lujurioso, vengativo y, obediente al perfil propio de Carey, gesticulador hasta el aburrimiento, cuyo único triunfo fue lograr que su perro haga sus necesidades en el inodoro. Nada muy distinto de los dioses griegos y romanos de la Antigüedad. Sin embargo, debe respetar una norma básica, el libre albedrío, y así es como pierde a su compañera, su verdadero amor. Naturalmente, tratándose de una comedia, al final la recuperará, pero no destriparemos como, aunque a estas alturas resulta evidente que no será a través de sus recién adquiridos poderes.

Cierto que Dios, como cualquier entidad todopoderosa que se precie, no había sido totalmente generoso en su oferta y la supuesta omnipotencia otorgada a Bruce se extendía sólo en el radio de acción de unos pocos kilómetros (excepto verticalmente, porque logra acercar la Luna y provocar la caída de un meteorito). Pero lo mejor que se le ocurre al desbordado Bruce es conceder todos los milagros que le solicitan los creyentes. Algo que podría dar mucho juego, ante la imposibilidad de atender peticiones contrapuestas, pero que acaba plasmado en que miles de ciudadanos ganan la lotería local y al repartir entre tantos, les toca tan poco que montan unos tremendos disturbios callejeros que acaban derribando al ídolo de barro (un letrero del propio Bruce, convertido en presentador estrella). Se lo tiene merecido, resulta patético desperdiciar tanta omnipotencia separando en dos un plato de sopa de tomate, abriendo paso a su espectacular deportivo en un atasco, o haciendo realidad los comentarios soeces de un pandillero.

Aunque se trate de una simple comedia, hubiera sido interesante haber ido algo más allá de esa burda excusa para la inoperancia divina ("desde cuando la gente sabe lo que quiere") y de ese trillado mensaje paternalista de que el verdadero poder para el cambio está en la propia gente y en la ausencia de egoísmo.

En resumen, y como era de esperar, una entretenida película para ver con los niños si les gustan las muecas y payasadas, pero carente de cualquier reflexión seria sobre lo que significa ser Dios.



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