| Sami nació el 22 de abril
de 1957 en Caracas. Cursó la carrera de Urbanismo en la Universidad
Simón Bolívar, de Caracas. Más tarde inició
la carrera Comunicación Social en la Universidad Católica
Andrés Bello, también de Caracas. Su tesis de graduación
-titulada “Ciencia, seudociencia y anticiencia:cómo los medios
colaboran con la desinformación del público”- recibió
el Premio Andrés Mata en 2000, mención tesis de grado; así
como el Premio Bienal ININCO (Instituto de Investigaciones de la Comunicación,
de la Universidad Central de Venezuela) en 2001, como “mejor trabajo
de comunicación de las universidades venezolanas”. Como parte
del Premio ININCO, la tesis fue publicada en 2001 por Editorial
Comala (1). Como docente y conferencista en el Planetario Humboldt
de Caracas, ha editado varios textos educativos sobre Astronomía
que se distribuyen entre los asistentes.
Se especializó en Avalúo de Bienes Inmuebles en la Universidad
Metropolitana, en Caracas). Actualmente cursa una Maestría en Ciencia
Política en la Universidad Simón Bolívar. Durante
varios años trabajó como planificador urbano en el Ministerio
del Desarrollo Urbano (en Maracaibo, estado Zulia), así como en
la Oficina Metropolitana de Planeamiento Urbano de Caracas.
Es miembro fundador de la Fundación Amigos
del Planetario Humbodt y miembro de la Planetary
Society. Es también coordinador editorial de la revista
electrónica Lúcido,
publicada por la AREV desde 2001. Entre 1990 y 1994 condujo el espacio
radial La Frontera Final. Apasionado por la astronomía,
la historia y la ciencia en general, sus principales trabajos de divulgación
científica fueron publicados en las revistas Imagen, del Consejo
Nacional de la Cultura de Venezuela (1997 a 2001), Ciencia al Día,
del Círculo de Periodismo Científico de Venezuela, Universo,
de la Liga Iberoamericana de Astronomía (entre 1986 y 1990). También
escribe regularmente para el diario El Nacional de Caracas.
Hoy es Gerente de Comunicaciones en el Centro Social, Cultural y Deportivo
Hebraica de Caracas. Ya no ejerce la profesión de urbanista y -aparte
de dedicarse a su empleo- invierte buena parte de su tiempo libre a labores
voluntarias como AREV y a la lectura, su pasatiempo favorito.
LA CIENCIA ADMITE EL DISENSO
Su motivación por divulgar temas pseudocientíficos desde
un enfoque escéptico no surgió de una revelación
en particular. “Mi actitud escéptica -afirma Rozenbaum- fue
evolucionando paulatinamente, a partir del contraste entre mis conocimientos
de Astronomía y la lluvia astrológica a la que era sometido
por parte de mis compañeros de la universidad, y que sobre todo
utilizábamos como manera de ‘romper el hielo’ en encuentros
sociales. Supongo que di el paso racional que la mayoría
de la gente simplemente no quiere dar. Después comencé
a percibir la cantidad de fraudes de todo tipo a que se somete a la población:
medicina ‘alternativa’, suplementos alimenticios, eco-alarmismo
sin fundamento, etcétera, por lo que el campo de mi escepticismo
se ha ampliado”.
La elección de Rozenbaum por el conocimiento científico
-asegura- se da por una razón muy simple. “Esta forma
de conocer es el producto, nunca acabado, de una búsqueda honesta
y objetiva de explicaciones para lo que sucede en el Universo.
Su mayor fuerza es la autocorregibilidad: incluso si un científico
o grupo de científicos abandonan la honestidad y la objetividad
(lo que ha ocurrido no pocas veces) [N.del E.: veáse por ejemplo
el caso del engaño de Piltdown, protagonizada, entre otros, por
el sacerdote jesuita y paleontólogo Pierre
Teilhard de Chardin]. Pero, al final, siempre se imponen los
hechos con su fuerza demoledora. Por su parte, el ‘conocimiento’
no científico nace de la búsqueda de satisfacción
a angustias existenciales. Son conceptos que nacen ‘acabados’,
de una vez y para siempre, y no se admite el disenso. Por ende, existe
la tendencia a aferrarse a tales nociones a pesar de que surjan evidencias
que las contradigan. Esa es una de las características más
patéticas de nuestra especie: somos inteligentes, pero
no necesariamente racionales. Lo peor es que, contrariamente
a las prédicas de hermandad y amor que caracterizan a las religiones
e ideologías, suele considerarse como menos dignos de vivir a quienes
creen o piensan diferente. Esto ha costado a los humanos miles de millones
de muertes y un dolor infinito desde que salimos de las cuevas”.
LA SEMILLA DE LA DUDA
En el 2000 comenzó a colaborar con la AREV y sus reflexiones se
reflejaron en una acción social concreta. ¿Por qué
entendió Rozenbaum que existía esa necesidad? “Lo
veo como un servicio público. Ni las autoridades gubernamentales,
ni los gremios profesionales (como el de la medicina), ni las universidades,
reaccionan ante el fraude masivo a que está siendo sometida la
población. Por ende, organizaciones no gubernamentales
como AREV son entes indispensables para salvaguardar al público
y la salud intelectual de la sociedad. Afortunadamente, en América
Latina se está produciendo una eclosión de este tipo de
asociaciones”. Rozenbaum aclara que el papel de la AREV no es, como
se podría pensar, oponerse a las creencias de la gente. “En
ese sentido mantenemos un claro principio ético: lo que debemos
hacer es esclarecer al público, en otras palabras, educarlo. Darle
un punto de vista que nunca recibe y cuya existencia ni siquiera imagina:
la perspectiva escéptica. Usando una expresión común,
debemos ‘sembrar las semillas de la duda’. Cada quién
decidirá después qué concepción del mundo
desea mantener”.
Bibliografía:
(1) “Ciencia, seudociencia y anticiencia: cómo los medios
colaboran con la desinformación del público”. Ed.
Comala, Caracas, 2001. Se puede obtener en Editorial
Comala.
ENLACES EXTERNOS
Asociación
Racional Escéptica de Venezuela (AREV)
Pensar
CSICOP [Committee for the Scientific Investigation
of the Claims of the Paranormal]
Editorial
Comala
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Javier Garduño
Pierre
Teilhard de Chardin
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