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Nació en el Distrito Federal, la capital mexicana, el 13 de septiembre
de 1963. De padre sirio y madre de origen libanesa, se recibió
de Ingeniero Industrial en la Universidad Nacional Autónoma de
México (1992). Tras vagabundear por otras escuelas y carreras como
ingeniería en Computación y Matemáticas en la Universidad
de Burdeos, trabajó brevemente como ingeniero, cosechando una cierta
experiencia -antecedente laboral consistente con su eclecticismo-
en compañías e instituciones tan diferentes como la Renault
hasta una fábrica de polipastos y el instituto de ingeniería
de la UNAM.
Comenzó a escribir profesionalmente en 1987 en el diario mexicano
Unomásuno, en cuyo suplemento cultural cubrió las
rúbricas de cine y
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discos. Ya emigrado a los Estados Unidos, comenzó
a escribir en el diario mexicano Crónica su columna Historias
Góticas de Nueva York (entre diciembre de 1996 y noviembre
de 1998). Aquella serie le abrió las puertas en otros medios de
México, como en El Nacional, donde llevó la columna
Garganta profunda desde 1992 hasta la desaparición
del diario, en 1997. Hoy, escribe una columna en el suplemento cultural
La Jornada Semanal del matutino La Jornada (desde 1995),
colaborando a la vez en los diarios El Financiero (desde 1998),
Reforma (desde junio de 2000) y Milenio, en las revistas
Complot, Letras Libres, Revista de la Universidad Nacional,
Tecnología Empresarial y ArtNexus (Miami-Colombia),
entre otros medios.
LA TECNOLOGÍA EMOCIONAL
Un heterogéneo puñado de obsesiones temáticas le
enseñaron el camino para lograr sus mejores ensayos; por ejemplo,
aquellas que le llevaron a investigar y cavilar sobre los mecanismos
de control mediáticos y el impacto cultural, social y emocional
de la tecnología en el hombre; desde las teorías de
la conspiración pasando por los fenómenos mediáticos
en todas sus variantes, hasta llegar a su debilidad: el fútbol,
que es -si lo apuran- el verdadero amor de su vida. El atentado del 11
de setiembre de 2001 le golpeó cerca y descubrió en el militante
por los derechos civiles Ralph
Shoenman a un sorprendente portavoz de la teoría del autoatentado,
publicando en La Jornada Semanal un
reportaje dividido en seis partes cuya repercusión -spam de
sus fans mediante- trascendió fronteras.
Huérfano de experiencias personales que rocen lo paranormal,
Naief es escéptico ante las revelaciones extraordinarias. Difundir
el espíritu crítico, dice, debe ser el objetivo de
cualquiera que se dedique a escribir acerca de ideas y del mundo. Sin
el pensamiento crítico todo es charlatanería, extorsión
intelectual, demagogia y chatarra beata. Los asombros de Yehya tienen
que ver, más bien, con el acto de descubir evidencias de los
futuribles-increíbles que pasan por la cotidiana manifestación
de artefactos increíbles que azuzan la imaginación posmoderna,
como enseñan sus ensayos Caos y rabia en la cultura de la
máquina (1993) y Los sueños mecánicos
de las ovejas electrónicas - El ciberpunk en el cine (1994),
y las maravillas que se manifiestan en el mundo real, como lo reflejó
en El cuerpo transformado (2001) o en su serie sobre armas
bacteriológicas durante la psicosis del ántrax, publicados
en La Jornada Semanal apenas sucedidos los atentados del 11 de
setiembre de 2001.
LA SUVERSIÓN DE LO PARANORMAL
Yeyha también se interesó en los nuevos cultos. Para
mí, la experiencia religiosa es tan solo una expresión
de algo que no se puede explicar con las herramientas intelectuales disponibles
y que se tiñe de alguna mitología o fantasía. Más
o menos lo mismo sucede con lo paranormal. Lo que me queda claro es que
suceden una enorme cantidad de acontecimientos inexplicables y que estamos
muy lejos de poder entender la totalidad de las leyes que rigen nuestro
universo, escribió Naief.
Su personal postura frente a la papel que cumplen las creencias en la
sociedad está lejos de cebar el juego a las ortodoxias. De
entrada, creo yo, hay que desconfiar de todo, pero precisamente las
ideas más provocadoras y extrañas deben ser más discutidas
que las claramente aceptadas y razonables. OVNIs y similares son
importantes por lo que nos enseñan sobre nosotros mismos en
tanto obsesiones populares o fenómenos culturales. Las creencias
en lo paranormal, hasta cierto punto, son paganas y subversivas; son
ideas que reflejan nuestra fe en lo otro, mientras que las creencias de
las religiones institucionales son opresivas y no permiten la disidencia,
son mecanismos que históricamente han tenido una función
de control, selección, amansamiento y manipulación de masas.
Fanático empedernido del rock progresivo, a los íntimos
les confiesa ser coleccionista de plumas fuente y amplificadores
de bulbos. Actualmente espera terminar un libro sobre la pornografía
(el cual ha tenido varias reencarnaciones, admite), así
como un ensayo sobre la guerra y la tecnología. Desde hace 15 años
Naief Yehya es periodista freelance y vive en Brooklyn, Nueva York.
[Por Alejandro Agostinelli. Este texto es parte del Proyecto
Enciclopedia
Multimedia de Cultos, Mitos y Misterios. Exclusivo para Dios! ©
2002 Todos los derechos reservados.]
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